Párate un segundo y ponte en el lugar de tu potencial alumno.
Averigua:
– ¿Qué está viviendo ahora?
– ¿Por qué momento personal pasa?
– ¿Cómo llegó hasta ahí?
– ¿Qué siente?
– ¿Qué podría ayudarle de verdad?
– ¿Y cómo se sentiría si lo consiguiera?
Una vez que lo averigües, sabrás justo lo que tienes que decirle para que se matricule en tu centro y no en el de la competencia.
Vender no va de hablar más.
Va de entender mejor.
Cuando entiendes su historia, tus palabras le encajan.
Y entonces vender deja de ser presión, y se convierte en conexión.
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